Una sesión familiar no necesita una ocasión especial. A veces el motivo es mucho más sencillo: vuestros hijos están creciendo y queréis tener recuerdos en los que, por una vez, aparezcáis todos.
En exterior tenemos espacio para caminar, jugar, movernos y dejar que los niños sean niños. Eso me permite combinar algún retrato más tranquilo con muchas imágenes en las que simplemente estáis juntos.
No hace falta llegar sabiendo posar ni traer una lista de fotos que tenemos que conseguir. La sesión tiene una estructura, pero también espacio para improvisar y dejar que pasen cosas.
¿Cómo es una sesión de fotos familiar en exterior?
Antes de empezar busco una localización y una hora que nos permitan trabajar con una luz bonita y con espacio suficiente para movernos.
Durante la sesión os voy guiando cuando hace falta. Podemos empezar caminando, acercaros, jugar con los niños o parar en algún punto concreto. No necesito que estéis todo el rato mirando a cámara.
También hacemos alguna foto más clásica si tiene sentido. La idea es que la galería tenga variedad y que, al verla, no parezca que habéis pasado toda la sesión intentando mantener una pose.
¿Qué hacemos si los niños no paran quietos?
Trabajar con niños implica asumir que probablemente no harán exactamente lo que habíamos imaginado. Y no pasa nada.
Si quieren correr, podemos hacer fotos en movimiento. Si necesitan estar con vosotros, empezamos juntos. Si se cansan de una propuesta, cambiamos.
Prefiero utilizar su forma de ser a pasar la sesión intentando que estén quietos y sonrían cuando se lo pedimos.

¿Qué ropa llevamos a una sesión familiar?
Ropa con la que os sintáis vosotros. No hace falta comprar outfits nuevos ni vestir a toda la familia igual. Sí recomiendo que los colores funcionen bien juntos y evitar logos muy grandes, textos o estampados que acaben llamando más la atención que vosotros.
Según la época del año y la localización podemos ajustar tejidos, capas y tonos, pero la comodidad manda, especialmente con los peques.
¿Tenemos que preparar algo antes?
Muy poco. Intentad que los niños lleguen descansados y sin convertir la sesión en algo para lo que tengan que portarse bien. No necesitan practicar sonrisas ni poses.
Si tienen algún objeto pequeño que sea importante para ellos, podemos incorporarlo si encaja, pero no hace falta llevar atrezzo para llenar las fotos.
No todo tiene que ser perfecto para merecer una foto
A veces pensamos en hacer fotos familiares cuando llegue un cumpleaños, una Navidad o algún momento especial. Pero, mientras tanto, los niños siguen creciendo y cualquier momento puede acabar convirtiéndose en especial.
Una sesión puede guardar algo mucho más cotidiano: cómo cogíais a vuestro hijo en brazos, cómo se reía con su padre, cómo buscaba a su madre o cómo erais todos juntos en ese momento.
Esas son muchas veces las imágenes que más valor ganan con los años.

H2: Fotos de todos, también de quienes suelen estar detrás de la cámara
Durante una sesión familiar intento que haya fotos de todos juntos, pero también pequeñas combinaciones: los niños con mamá, con papá, entre hermanos o algún retrato individual si surge.
Porque cuando miramos el carrete del móvil suele haber muchas fotos de los niños y bastantes menos en las que aparece toda la familia. Ellos suelen ser los protagonistas, pero todos formáis parte de la historia.