Elegir qué ponerse suele ser una de las primeras dudas cuando se acerca una sesión. Queremos que las fotos se vean bonitas, pero eso no significa comprar ropa nueva, vestir a toda la familia igual o llevar algo que no usarías nunca.
El vestuario forma parte del resultado visual, sí, pero hay una regla que para mí está por encima de todas: tienes que seguir reconociéndote cuando veas las fotos.
No necesitas comprar ropa para la sesión
Empieza por tu propio armario. Muchas veces ya tienes prendas que te favorecen, te resultan cómodas y encajan contigo. Una sesión no debería obligarte a convertirte en otra persona durante una hora.
Antes de pensar en tendencias o en una paleta perfecta, piensa en cómo quieres sentirte. Si una prenda te aprieta, tienes que recolocarla constantemente o, simplemente, no te representa, probablemente tampoco sea la mejor opción para las fotos.
¿Qué colores funcionan bien en las fotos?
Los tonos neutros, tierra, verdes suaves, azules apagados, beige, crema o marrones suelen combinar con facilidad y funcionan especialmente bien en exteriores. Pero eso no significa que exista una lista de colores permitidos.
La localización, la época del año y vuestro propio estilo también cuentan. Lo importante es que los colores convivan entre sí y no haya una prenda que se lleve toda la atención sin querer.
Coordinar no significa vestir iguales
Si participáis varias personas, no hace falta repetir el mismo color de camiseta o comprar conjuntos idénticos. Suele funcionar mejor escoger una gama común y combinar tonos, tejidos y prendas diferentes dentro de ella.
Por ejemplo, una persona puede llevar un tono más claro, otra introducir un color de la misma gama y otra recuperar ese color en una prenda secundaria. El conjunto se ve relacionado sin parecer un uniforme.

Prendas cómodas para poder moveros
En mis sesiones no estamos todo el tiempo quietos mirando a cámara. Caminamos, jugamos, nos sentamos, cogéis a los niños en brazos y dejamos que ocurran cosas. Por eso la ropa tiene que permitir que os mováis con comodidad.
Esto es especialmente importante con los niños. Si pueden correr, sentarse o jugar sin estar pendientes de una prenda que les molesta, será mucho más fácil que se muestren tal y como son.
¿Qué conviene evitar?
No porque esté prohibido, sino porque puede distraer, suelo evitar logotipos muy grandes, textos protagonistas, estampados excesivamente llamativos o colores fluorescentes. También conviene pensar en bolsillos llenos, gomas de pelo en la muñeca o elementos que luego aparecen en todas las fotografías sin que nos demos cuenta.
Si una prenda estampada os encanta, puede funcionar perfectamente. La clave está en equilibrarla con el resto del vestuario en lugar de llenar toda la imagen de elementos que compitan entre sí.
El vestuario también depende del tipo de sesión
No necesitamos exactamente lo mismo para una sesión de embarazo que para una sesión familiar con niños. En embarazo podemos aprovechar tejidos, capas o prendas que acompañen la forma de la barriga; en una sesión infantil o familiar priorizamos especialmente que todos podáis moveros con libertad.
¿Cuántos cambios de ropa llevar?
En la mayoría de sesiones no hacemos cambios de ropa, así que lo ideal es elegir desde el principio un conjunto con el que os sintáis cómodos y que funcione bien durante toda la sesión.
La excepción son las sesiones de embarazo, donde sí podemos plantear algún cambio de vestuario para conseguir fotografías diferentes y aprovechar distintas prendas o tejidos.
Antes de la sesión no tienes que decidirlo sola
Una vez reservada recibirás mi guía de sesión con recomendaciones para preparar el vestuario. Si tienes dudas entre varias opciones, podemos valorarlas antes para que el día de la sesión no tengas que seguir pensando en qué ponerte.
La ropa ayuda a construir la imagen, pero no debería convertirse en la protagonista. Los protagonistas sois vosotros.
