Tenemos el móvil lleno de fotos de nuestros hijos: comiendo, jugando, corriendo por el parque, de vacaciones, haciendo cualquier tontería en casa… Y, aun así, muchas veces sentimos que las imágenes no terminan de reflejar cómo era realmente ese momento.
No necesitas una cámara profesional ni preparar un plan especial. Cambiar algunas pequeñas cosas a la hora de fotografiarlos puede ayudarte a conseguir recuerdos mucho más naturales.
No les pidas siempre que miren a cámara
Es casi automático: sacamos el móvil y decimos ¡mira aquí!. Y muchas veces, justo en ese momento, desaparece lo que queríamos fotografiar.
Prueba a hacer algunas fotos sin interrumpir lo que están haciendo. Mientras juegan, hablan, investigan algo o se ríen contigo pueden aparecer expresiones mucho más reconocibles que cuando les pedimos que sonrían.
No significa que nunca puedan mirar a cámara sino que no todas las fotografías necesitan ese momento de mirada y sonrisa para funcionar.
Ponte a su altura
La mayoría de las veces fotografiamos a los niños desde nuestra propia altura y acabamos apuntando la cámara hacia abajo. Agacharte y colocar el móvil o la cámara aproximadamente a la altura de sus ojos cambia por completo la perspectiva. Entramos mucho más en su mundo y la foto suele sentirse más cercana.
También puedes probar lo contrario de vez en cuando: fotografiar desde arriba, desde el suelo o acercarte mucho para guardar un detalle. Cambiar el punto de vista hace que una situación cotidiana pueda verse completamente diferente.
Busca una buena luz antes que un lugar perfecto
La luz puede cambiar muchísimo una fotografía. En exterior, el sol fuerte del mediodía puede provocar sombras muy marcadas, ojos entrecerrados y contrastes difíciles de controlar. Si puedes elegir, las primeras y últimas horas del día suelen ofrecer una luz mucho más suave.
Pero tampoco necesitas esperar siempre al atardecer. Si el sol es muy fuerte, buscar una zona de sombra puede ser suficiente.
En casa, prueba a acercarte a una ventana y apagar o evitar luces artificiales que mezclen diferentes tonos. Muchas veces una escena muy sencilla junto a una buena entrada de luz funciona mejor que un rincón aparentemente más bonito pero oscuro.
Deja espacio para el movimiento
Los niños se mueven. Mucho. Intentar que permanezcan quietos para conseguir una foto puede terminar siendo más complicado que aprovechar precisamente ese movimiento.
Déjale correr, saltar, bailar, perseguir una pelota o seguir jugando. Si utilizas el móvil, puedes hacer varias fotografías seguidas y después elegir el instante que mejor represente lo que estaba ocurriendo.
Y no descartes automáticamente una imagen porque no sea técnicamente perfecta. A veces una mano movida, el pelo volando o una carcajada a medio camino cuentan mucho más que una foto completamente estática.

Fíjate también en lo que hay detrás
Cuando fotografiamos algo que nos importa, nuestra atención está completamente puesta en la persona. La cámara, en cambio, también ve todo lo que hay alrededor.
Antes de hacer la foto, mira rápidamente el fondo. Una papelera, una bolsa, un coche o cualquier elemento muy llamativo puede acabar teniendo más protagonismo del que querías. A veces basta con moverte tú un par de pasos o cambiar ligeramente el encuadre. No necesitas encontrar un fondo perfecto ni eliminar todo lo que haya alrededor.
Acércate y fotografía también los detalles
No todas las imágenes tienen que enseñar al niño entero: sus manos mientras juega, unos pies llenos de arena, cómo agarra su juguete favorito, el pelo después del baño o esa forma concreta de coger vuestra mano también forman parte de cómo es ahora.
Cuando juntamos fotografías más abiertas con otras de pequeños detalles conseguimos contar mucho mejor lo que estaba pasando.
No fotografíes solo los momentos especiales
Cumpleaños, vacaciones y celebraciones llenan rápidamente nuestra galería, pero seguramente dentro de unos años también quieras recordar cómo era una tarde cualquiera.
El desayuno. Su habitación. Un paseo. Cómo se sentaba a pintar. La cara que ponía cuando algo no le gustaba. Su juguete favorito. Lo cotidiano también cambia, aunque mientras lo estamos viviendo no nos demos cuenta.

Y, sobre todo, aparece tú también
Si eres quien suele sacar el móvil, es muy fácil que tengas cientos de fotografías de tus hijos y muy pocas contigo. Pide a otra persona que haga alguna y, si no, apoya el móvil y utiliza el temporizador.Hazte un selfie aunque no tenga la composición perfecta.
Porque con el tiempo no solo querrás recordar cómo eran ellos. También querrás recordar cómo erais juntos.
No necesitas que todas las fotos sean perfectas
Una fotografía puede estar un poco torcida, tener movimiento o no cumplir ninguna regla de composición y seguir siendo una de tus favoritas. Los consejos ayudan, pero no deberían hacer que estés más pendiente de conseguir la foto que de vivir lo que está pasando.
Haz fotos. Guarda muchas. Borra las que no te digan nada. Imprime algunas. Y, de vez en cuando, deja también el móvil a un lado.