Los niños cambian tan rápido que es fácil pensar: cuando camine mejor, cuando aguante quieto, cuando sea un poco mayor, cuando tenga más paciencia… Y mientras esperamos ese momento perfecto, la etapa que queríamos recordar ya ha pasado.
No existe una edad ideal para hacer una sesión infantil. Lo que cambia con los meses y los años es el tipo de fotografías que podemos conseguir y la manera de plantear la sesión.
A partir de los 6 meses: cuando empiezan a interactuar
Alrededor de los seis meses muchos bebés empiezan a sostenerse mejor, reaccionan más a las personas que tienen delante y aparecen expresiones muy reconocibles. Si el bebé ya se mantiene sentado con seguridad, podemos aprovechar esa nueva perspectiva y fotografiar sus gestos, manos, miradas y primeras formas de jugar y explorar.
No todos los bebés siguen el mismo ritmo, así que la edad es orientativa. Lo importante es adaptar la sesión a lo que el bebé ya puede hacer sin forzar posturas.
Cuando empiezan a gatear y caminar
Con el movimiento cambia por completo cómo orientamos la sesión. Ya no tiene sentido esperar que permanezcan en un punto concreto durante mucho tiempo: podemos seguirles, dejar que exploren y convertir ese movimiento en parte de las imágenes.
Gatear, ponerse de pie, caminar agarrados a vuestra mano o empezar a correr son cosas muy cotidianas que duran menos de lo que parece.

Entre los 2 y los 4 años: juego y mucha personalidad
En esta etapa suelen tener muy claro lo que quieren hacer y, sobre todo, lo que no. Eso no es un problema, solo hace que la sesión necesite más juego, movimiento y flexibilidad.
En lugar de pedirles constantemente que miren a cámara, podemos caminar, correr, jugar, hablar con ellos o dejar que interactúen con vosotros. Muchas veces sus expresiones más reconocibles aparecen precisamente cuando dejan de estar pendientes de la cámara.
¿Y cuando son más mayores?
Una sesión infantil no deja de tener sentido cuando pasan los primeros años. A medida que crecen podemos fotografiar otras cosas: su forma de expresarse, sus aficiones, la relación con sus hermanos o cómo son en ese momento.
La infancia no es una etapa única. Por eso, no hace falta reservar las fotos solo para cuando son bebés o para fechas concretas como un cumpleaños.
No necesitas esperar a que sepa posar
Una de las razones para aplazar una sesión es pensar que el niño todavía no va a colaborar. Pero colaborar no significa estar quieto, sonreír cuando se lo pedimos y mirar constantemente al objetivo.
La sesión se adapta a su edad y a su carácter. Si necesita moverse, nos movemos; si al principio prefiere estar con vosotros, empezamos juntos; y si necesita parar, paramos.
Entonces, ¿cuál es el mejor momento?
El momento que quieras recordar. Si buscas una respuesta basada únicamente en la edad, a partir de unos seis meses podemos plantear una sesión infantil cuando el bebé ya empieza a interactuar más y, especialmente, cuando puede mantenerse sentado con más seguridad.
Pero después no hay una edad en la que lleguemos tarde. Cada etapa nos da imágenes distintas. Lo importante es no esperar a una versión futura de vuestro hijo pensando que “será más fácil”.

¿Sesión infantil o sesión familiar?
Si quieres que el protagonismo recaiga principalmente en el niño, podemos plantear una sesión infantil. Si lo que quieres guardar es también vuestra relación, cómo jugáis juntos o cómo es vuestra familia en este momento, una sesión familiar es la mejor opción